
Creencias limitantes:
cómo identificar los pensamientos que te frenan
A veces no es lo que ocurre lo que nos impide avanzar, sino lo que creemos que significa.
¿Te has descubierto alguna vez pensando «yo no soy capaz», «si digo lo que pienso, voy a molestar» o «a estas alturas, ya es tarde para cambiar»?
Puede que nunca te hayas parado a cuestionar esas frases. Tal vez las hayas repetido tantas veces que ya no las escuches como pensamientos, sino como verdades sobre ti, sobre los demás o sobre la vida.
Sin darte cuenta, algunas de esas ideas pueden estar condicionando tus decisiones, tus relaciones y las posibilidades que te permites explorar.
En el primer artículo de Claves de cambio hablábamos de por qué nos cuesta cambiar, incluso cuando sabemos qué queremos hacer. Hoy vamos a dar un paso más: observar qué creencias pueden estar influyendo en nuestra manera de actuar y cómo empezar a mirarlas desde otra perspectiva.
1. No siempre vemos los hechos tal como son
Desde el coaching ontológico, una distinción fundamental es aprender a diferenciar los hechos de los juicios que hacemos sobre ellos.
Un hecho es algo que podemos describir o comprobar. Un juicio es una interpretación que hacemos a partir de lo que observamos, de nuestras experiencias, valores y expectativas.
Imagina que propones una idea en una reunión y nadie responde.
El hecho es que has compartido una idea y no has recibido respuesta en ese momento.
Pero ¿qué significado le das a lo ocurrido?
Puede que pienses: «Mi idea no interesa». O tal vez: «No me han entendido». Incluso podrías concluir: «Nunca tengo nada interesante que aportar».
La situación es la misma, pero las interpretaciones son diferentes.
Cuando una interpretación se repite y la damos por cierta, puede acabar convirtiéndose en una creencia desde la que observamos nuevas situaciones y tomamos decisiones.
Si llegas a creer que tus ideas no interesan, la próxima vez puedes preferir guardar silencio. Y, al participar menos, tendrás menos oportunidades de comprobar si realmente los demás valoran tus aportaciones.
Así, una interpretación puede influir en cómo actuamos y en las experiencias que tenemos después.
La clave no está en negar lo que ocurre, sino en distinguir lo que sabemos de lo que estamos interpretando.
2. ¿Qué son las creencias limitantes?
Las creencias son ideas o convicciones que utilizamos para dar sentido a lo que vivimos. Algunas nos ayudan a desenvolvernos, aprender y tomar decisiones. Otras, cuando las asumimos como verdades incuestionables, pueden reducir las posibilidades que vemos a nuestro alcance.
Hablamos de creencias limitantes cuando una idea condiciona nuestra manera de actuar y nos dificulta explorar alternativas que podrían ser valiosas para nosotros.
Por ejemplo:
- «Yo soy así y no puedo cambiar».
- «Tengo que poder con todo».
- «Si digo que no, decepcionaré a los demás».
- «Equivocarme significa que no estoy preparado».
- «Necesito tenerlo todo controlado antes de empezar».
- «Si pido ayuda, los demás pensarán que no soy capaz».
¿Te resulta familiar alguna?
Tal vez te reconozcas en una de estas frases. O puede que descubras que, aunque no la expreses con palabras, actúas como si fuera cierta.
No todas estas ideas son necesariamente falsas en cualquier circunstancia. Lo importante es observar si las tratamos como reglas absolutas y qué consecuencias tienen en nuestra vida.
Una creencia puede haber surgido para ayudarnos a protegernos, encajar, evitar un conflicto o responder a una experiencia anterior. El problema aparece cuando seguimos actuando desde ella sin revisar si todavía nos resulta útil.
3. Cómo reconocer una creencia que te está frenando
No siempre es fácil identificar nuestras creencias porque solemos dar por hecho que las cosas son como las vemos.
Sin embargo, hay algunas señales que pueden invitarnos a observarlas con más atención.
Utilizas expresiones muy absolutas.
Palabras como «siempre», «nunca», «todo» o «nada» pueden indicar que estamos generalizando a partir de algunas experiencias.
«Siempre me equivoco» no describe necesariamente todos los resultados que has obtenido. Puede que estés prestando más atención a los errores que a las ocasiones en las que sí has conseguido lo que te proponías.
Anticipas lo que otras personas pensarán de ti.
«Se va a enfadar si le digo que no», «pensarán que soy egoísta» o «no les va a gustar mi propuesta».
Puede que tengas motivos para considerar esas posibilidades, pero una previsión no es lo mismo que un hecho confirmado.
Renuncias antes de intentarlo.
En muchas ocasiones, dejamos de dar un paso porque pensamos que no somos capaces, que ya es demasiado tarde o que no contamos con lo necesario.
Es cierto que existen dificultades reales. Pero también podemos llegar a conclusiones más rotundas que las evidencias disponibles.
Te exiges cumplir reglas que no te permites cuestionar.
«Tengo que hacerlo perfecto», «no puedo fallar» o «primero están las necesidades de los demás».
Estas ideas pueden parecer compromisos personales, pero conviene observar si te ayudan a vivir de acuerdo con tus valores o si se han convertido en obligaciones que te generan malestar y te impiden elegir.
Reconocer estas señales no significa que debas cambiar todos tus pensamientos. Significa que puedes empezar a preguntarte cuáles te ayudan y cuáles merecen ser revisados.
4. Cómo empezar a cuestionar tus creencias limitantes
Cuando queremos revisar una creencia, no necesitamos sustituir un pensamiento negativo por una frase positiva ni convencernos de que todo saldrá bien.
El primer paso es mucho más sencillo: dejar de dar por cierta una interpretación solo porque llevamos mucho tiempo creyéndola.
Estas cuatro preguntas pueden ayudarte.
Pregunta 1. ¿Qué ha ocurrido realmente?
Describe la situación sin añadir explicaciones sobre tus intenciones ni las de los demás.
Por ejemplo: «He propuesto un plan y mi amiga me ha dicho que no puede venir».
Eso es diferente de pensar: «No quiere pasar tiempo conmigo».
La segunda frase añade una interpretación que todavía no has comprobado.
Pregunta 2. ¿Qué estoy dando por cierto?
Identifica el pensamiento que aparece y ponlo por escrito.
Puede que sea: «Si propongo algo y me dicen que no, significa que no les intereso».
Al escribirlo, puedes observarlo con cierta distancia. Ya no es una verdad invisible que dirige tus decisiones, sino una idea que puedes examinar.
Pregunta 3. ¿Qué evidencias tengo y qué otras explicaciones existen?
No se trata de buscar argumentos para demostrar que estás equivocado, sino de ampliar la mirada.
¿Ha ocurrido siempre? ¿Hay ocasiones en las que la situación ha sido diferente? ¿Qué otras explicaciones podrían encajar con los hechos?
La otra persona podía tener otros planes o, sencillamente, no estar disponible ese día. No necesitas saber con certeza cuál es la explicación correcta para reconocer que existen alternativas a tu primera interpretación.
Pregunta 4. ¿Qué posibilidades tendría si no diera esta creencia por cierta?
Imagina que dejaras de actuar automáticamente desde esa idea.
¿Qué harías de otra manera? ¿Qué conversación te atreverías a tener? ¿Qué decisión podrías considerar? ¿Qué pequeño paso darías?
No necesitas tener todas las respuestas. En ocasiones, cambiar la pregunta ya permite descubrir opciones que antes no contemplabas.
5. Un ejercicio práctico para observar tus creencias
Te propongo dedicar unos minutos a una situación reciente en la que te hayas sentido bloqueado, hayas evitado hacer algo o hayas reaccionado de una manera que después te gustaría comprender mejor.
Puedes utilizar estas cinco preguntas como guía:
1. La situación. ¿Qué ocurrió, concretamente?
2. Mi interpretación. ¿Qué me dije sobre lo sucedido, sobre mí o sobre los demás?
3. Mi emoción. ¿Qué sentí al interpretar la situación de esa manera?
4. Mi respuesta. ¿Qué hice, qué evité o qué dejé de expresar?
5. Una nueva posibilidad. ¿Qué otra interpretación podría considerar y qué acción diferente podría explorar?
Por ejemplo, imagina que te ofrecen participar en un proyecto nuevo.
Piensas: «No tengo suficiente experiencia». Sientes inseguridad y decides rechazarlo sin preguntar más.
Al revisar la situación, descubres que no tener experiencia en algunas tareas no significa necesariamente que no puedas aprenderlas ni que carezcas de otras capacidades útiles.
La alternativa no tiene por qué ser aceptar sin más. Puedes pedir información, aclarar qué esperan de ti y valorar qué necesitarías aprender.
La situación no ha cambiado. Tampoco tienes garantizado el resultado. Lo que ha cambiado es el espacio desde el que puedes decidir.
Ese es el valor de cuestionar una creencia: no obligarte a pensar de otra manera, sino permitirte considerar más de una posibilidad antes de actuar.
6. Cambiar tu mirada no significa exigirte más
Cuando descubrimos una creencia que nos limita, podemos sentir la tentación de convertirla en otra tarea pendiente: «Tengo que dejar de pensar así», «debo confiar más en mí» o «no puedo volver a cometer el mismo error».
Pero cuestionar nuestras creencias no consiste en luchar contra cada pensamiento que aparece ni en reprocharnos haber pensado de determinada manera.
Se trata de aprender a observarnos con curiosidad, reconocer desde dónde partimos y explorar respuestas diferentes cuando las anteriores ya no nos ayudan.
También conviene recordar que no todas las dificultades se explican por nuestras creencias. Hay circunstancias externas, limitaciones reales y experiencias que requieren algo más que una nueva interpretación.
El objetivo no es atribuirnos toda la responsabilidad de lo que nos ocurre, sino reconocer qué parte de nuestra respuesta podemos revisar y dónde tenemos margen de actuación.
Desde el coaching ontológico, esta mirada nos invita a observar cómo se relacionan nuestro lenguaje, nuestras emociones y nuestro cuerpo con la manera en que actuamos. Lo que nos decimos puede influir en cómo nos sentimos y en las opciones que percibimos; nuestras experiencias, a su vez, pueden llevarnos a revisar lo que pensábamos.
No siempre podemos elegir lo que sentimos en un primer momento, pero podemos aprender a escucharlo, examinar nuestras interpretaciones y decidir cómo queremos responder.
El cambio puede comenzar cuando dejamos de preguntarnos «¿por qué soy así?» y empezamos a explorar «¿qué estoy dando por cierto y qué otras posibilidades existen?».
7. Una última reflexión: ¿qué estás dando por hecho sobre ti?
Hay ideas que nos acompañan durante tanto tiempo que terminamos confundiéndolas con verdades sobre nosotros mismos.
Puede tratarse de una frase que aprendiste en algún momento, una conclusión que sacaste de una experiencia o una manera de protegerte que hoy limita algunas de tus decisiones.
No necesitas resolverlo todo hoy.
Empieza por escuchar esa frase cuando aparezca, preguntarte si describe un hecho o una interpretación y observar qué sucede cuando te permites considerar otra perspectiva.
No siempre podemos cambiar las circunstancias de inmediato, pero ampliar la forma en que las miramos puede ayudarnos a responder de otra manera.
Y esa pequeña apertura puede ser el comienzo de un cambio importante.
¿Quieres seguir explorando tus posibilidades?
En StarEnSintonía, el coaching ontológico y las herramientas de acompañamiento emocional pueden ayudarte a observar tus patrones de pensamiento, comprender cómo influyen en tus decisiones y explorar nuevas formas de actuar.
Si sientes que repites determinadas respuestas, aunque sabes que te gustaría hacerlo de otra manera, merece la pena dedicar un espacio a comprender qué está ocurriendo.
Intuyes que podrías estar mejor… entonces, ¿qué te está frenando?
Descubre cómo puedo acompañarte en StarEnSintonía
Preguntas frecuentes sobre las creencias limitantes
¿Qué son las creencias limitantes?
Son ideas o convicciones que, cuando las damos por ciertas de manera rígida, pueden condicionar nuestras decisiones y reducir las posibilidades que consideramos. Identificarlas permite examinar si siguen siendo útiles y si existen otras perspectivas.
¿Cómo puedo saber si tengo creencias limitantes?
Puedes observar pensamientos recurrentes como «no soy capaz», «siempre me pasa lo mismo» o «no puedo decepcionar a nadie». Después, revisa qué evidencias los sostienen, en qué situaciones aparecen y cómo influyen en tus decisiones.
¿Se pueden cambiar las creencias limitantes?
Es posible revisar y modificar algunas creencias con tiempo, reflexión y nuevas experiencias. No basta necesariamente con repetir una afirmación positiva: puede resultar más útil cuestionar las interpretaciones, contrastarlas con los hechos y probar respuestas diferentes.
¿Qué diferencia hay entre un hecho y una creencia?
Un hecho es algo que puede describirse o comprobarse; una creencia es una idea o convicción desde la que interpretamos la realidad, e incluso esta operando sin darnos cuenta. Distinguir ambos ayuda a evitar que una interpretación se convierta automáticamente en una conclusión incuestionable.
¿Cómo puede ayudarme el coaching ontológico?
El coaching ontológico invita a observar cómo interpretamos las situaciones, qué juicios hacemos y cómo nuestro lenguaje, nuestras emociones y nuestra corporalidad se relacionan con nuestras acciones. Este proceso puede ayudarnos a ampliar perspectivas y explorar nuevas formas de responder.


